Estaba comenzando mi jueves temprano ya que tenía organizado un taller en la Universidad de los Andes sobre cómo encontrar el primer empleo, y mientras hacía mi rutina normal pensaba en cómo podía captar la atención de un auditorio que en general encuentra en su entorno cualquier motivo de interrupción, con el celular como principal enemigo, y el sueño el segundo. Se me ocurrió comenzar la clase con música, algo que esté de moda, y mientras se completa la sala me acerqué a cada uno para darles un bolígrafo de Page Personnel. Al completarse la sala y como ya sabía que una de las participantes practica yoga, la invite al centro del salón para realizar 3 ejercicios de estiramiento que todos repetimos. La clase estaba lista, despierta, atenta y con los ojos bien abiertos. Ahí pensé: esto me gusta... Por qué llegué a esa conclusión? Porque lo disfruté.
A medida que la dinámica propuesta avanzó, en la cual mi primer objetivo era crear un ambiente relajado, me fui dando cuenta que con frecuencia las preguntas que indagaban sobre cuáles eran sus inquietudes, intereses, hobbies, gustos o miedos, las respuestas se nublaban o eran inciertas, repitiéndose frecuentemente el famoso “No sé”. Este ejercicio que también realizo cuando entrevisto gente, me volvió a llamar la atención ya que muchas de esas respuestas determinan ni más ni menos cuales son algunos de los caminos viables para desarrollarse profesionalmente.
La pregunta que me hago es, a una edad que esperaríamos que las personas tengan resuelto ciertas inquietudes ¿deben las instituciones educativas colaborar con la introspección de los alumnos? O consultado de otra manera ¿Cuál es el esfuerzo académico que los sistemas educativos están haciendo para que los futuros profesionales lleguen con una capacidad de introspección y conocimiento de sus habilidades blandas al mercado laboral? Las respuestas podrían ser varias, aunque mi percepción a priori, es que hay un hermoso camino por recorrer.
A continuación pregunté, por qué es tan determinante esto? Y la respuesta fue clara, el desarrollo profesional productivo y apasionado está íntimamente ligado con aquellas personas que realizan tareas directamente conectadas con sus competencias innatas, así si te gusta el área financiera y tienes desarrollado naturalmente habilidades numéricas es lógico que tu desarrollo profesional sea más exitoso que el de alguien que no tiene estas inclinaciones.
Posteriormente relacioné las conversaciones que tenía con los alumnos con dos conceptos aprendidos, uno adquirido cuando estudiaba en Europa: las autoridades hablaban de Long Life Learning, (aprendizaje y capacitación vinculado a la Universidad toda la vida) y el otro con el ramo que estoy dictando actualmente de Liderazgo Empresarial en la UNAB, donde el eje de la capacidad de un buen líder está vinculado a la AUTOESTIMA.
Si vinculamos estos dos conceptos nos damos cuentas que pocos sistemas educativos están preparando a sus alumnos como profesionales con fuerte autoestima (basada en la confianza, el éxito, respeto entre otros, etc) que es determinado en gran medida por el conocimiento de nosotros mismos. Las personas con mayor determinación y autoconocimiento son en mi experiencia aquellas que alinean con mayor capacidad sus habilidades innatas y su profesión, dando como resultado mejor productividad, motivación, eficacia y en consecuencia, felicidad del profesional.
A medida que indagaba a los alumnos me fui dando cuenta que existían casos de éxito (competencia innata y profesión seleccionada) y otros que estaban desalineados en cuanto a las competencias naturales de las personas con la carrera que habían escogido. Esto es una realidad que se complementa con las entrevistas que he realizado, y es una realidad Latinoamericana. No siempre se elige la carrera correcta para desarrollarse.
Mi propuesta de valor como actor y nexo de las instituciones educativas y el mundo empresarial privado es incentivar a las universidades a pensar planes de estudios donde se alimente al profesional con herramientas blandas para conocerse a sí mismo, poder alinear expectativas y conocer lo suficiente el mercado laboral para tomar la mejor decisión nos ahorraría mucho tiempo y recursos invertidos . Adicionalmente, reducir los años de estudios, poner a los profesionales en el mercado laboral más tempranamente (20 a 22 años) para enfocarlos en la realidad y flexibilizar las carreras debería arrojarnos como resultados un diferencia menor entre el profesional graduado y la expectativa del mundo empresarial.
Mi propuesta sería:
1. Carreras de 3 o 4 años intensivas (18 a 21 o 22 años);
2. Mercado Laboral más receptivo y flexible para profesionales jóvenes con esquemas de pasantías de 4 a 6 horas diarias (2 años);
3. Seguimiento de la universidad “Long Life Learning” entre los 23 o 24 hasta 30 años re direccionando las áreas de interés del profesional (Mentoring);
4. Convenios entre entidades privadas y universidades para vincular las necesidades del mercado con la capacitación.
Creo que hay que realizar esfuerzos para acercar aún más las universidades con las empresas y el foco en mi experiencia esta finalmente en incluir en las carreras ramos de habilidad blandas que permitan a los futuros profesionales conocerse más y elegir mejor. Elegir el primer trabajo depende de uno, con mayores herramientas, el error será minimo.
Buen artículo.
Implica también poder darle la opción a alguien que está cambiando de rubro o área de poder demostrar su entusiasmo en trabajar en una nueva área de trabajo pese a la experiencia.
Es bien difícil en el campo laboral que alguien se abra camino en algo que le gusta más que lo que eligió cuando tenía sólo 18 – 20 años cuando se vió obligado a elegir una carrera profesional.
Andrés, es tan clave que los los sistemas educativos y las familias deberían estar más capacitados para colaborar con las nuevas generaciones en sus elecciones iniciales.
Por mi parte, me considero un pensador radical al momento de reclutar, siempre contrataría el perfil más comprometido con el cambio y menos arraigado a una experiencia. Estoy convencido que el día que se reclute por competencias blandas, aun en posiciones gerenciales, y no por capacidades técnicas, la sinergia y creatividad crearán muchas oportunidades de negocios nuevas.
Desde mi lugar sólo me queda incentivar a mis clientes a que lo hagan y te anticipo que estoy pensando en escribir sobre las falencias del modelo de competencias y sobre una idea de modelo de inteligencia, que en pocas palabras incentiva lo que tu dices.