Enero

Este últimos mes de enero no ha sido un mes más, además de encontrarme en un nuevo rol dentro de la organización a la cual pertenezco (Page Group) , he tenido la suerte de poder escaparme 12 días a dos lugares increíbles dentro de Sudamérica que me han permito, además de descansar, pensar cuales son esas líneas paralelas que unen nuestra vida y desarrollo personal con lo profesional. Sin duda me convenzo cada día más que la naturaleza y el planeta tiene muchas lecciones para enseñarnos, que no somos dueños de él, que lo habitamos y debemos respetar y que en este humilde texto trataré de transmitirles lo que he aprendido en mi último viaje, el cual recomiendo fuertemente. 

En primera instancia me instalé en un eco-park en el medio del Amazonas, cerca de la ciudad de Manaos, Brasil, donde sin dudas la naturaleza y majestuosidad de la selva son el principal protagonista. La ciudad tiene una rica historia colonial, industrial y de crecimiento alrededor del caucho y la industria post guerras. Esta vegetación con sus ríos, manglares y animales me comunicaron rápidamente dos cosas que como un insight mental mi cerebro rápidamente asocio, una es que en la vida podemos asociar ciertos momentos de crecimiento a los ríos revueltos que rodean Manaos, más específicamente el río Amazonas, río que se puede asociar con esa etapa de la vida en la cual se crece. El río trae sedimentos ricos en minerales, aumenta y expande su cauce y la vida a su alrededor es plena. El Amazonas cerca de Manaos, es ancho, revuelto, lleno de oportunidades y de protagonistas a sus alrededores.

Por otro lado hay momentos en la vida que asociare a los ríos tranquilos – representados por el río Negro el cual nace en la formación geológica de Venezuela, no trae sedimento, posee un ph 4 (ácido) y posee mayor temperatura, su vida y riqueza es más acotada y no hay tantos insectos como en el río Amazonas. Su tranquilidad llama a la reflexión constantemente.

Este ciclo orgánico y natural representado en dos ríos provenientes de diferentes formaciones geológicas ( Amazonas de la cordillera de los Andes y río negro de la formación caucásica del Venezuela) me ponían frente a los ciclos  que también tenemos los seres humanos, en lo personal y profesional.

Nos encontramos muchas veces surfeando la vida entre ríos revueltos y no sin darnos cuenta cuales son los mensajes y aprendizajes que debemos entender, o en ríos tranquilos sin tener la capacidad de disfrutar el matiz que ofrece cada cosa. Es como ver el vaso medio lleno o medio vacío, y qué sucede si se nos pasó la vida y no hicimos nada? El tiempo es irreversible.

Es transcendente entender lo importante del momento y reconocer las oportunidades que ambos ríos traen, sin dejar  de disfrutarlo y entenderlo en el día a día. Para mi lo importante en ese instante fue pensar que muchas veces cuando queremos crecer — y nos encontramos en situaciones de río revuelto — no estamos dispuestos a realizar el esfuerzo y aprovechar la oportunidad, dedicar tiempo al trabajo implica obviamente quitarle tiempo a lo personal entendiendo que ese ciclo nos llevará a otra instancia una vez atravesado. Es curioso también que en la propia ambigüedad del ser humano, en río revuelto tendemos a quejarnos que no tenemos tiempo, que no somos valorados y que ese camino no vale la pena. La mayoría de los profesionales que me ha tocado entrevistar en circunstancias de río revuelto tienden a darme un speech de queja concentrando su energía en que sólo quieren llegar a un objetivo, desperdiciando algo fundamental que es disfrutar del camino y la riqueza del mismo. No hay duda que el río revuelto tiene su stress, quiero pensar que lo importante es también aprender a disfrutar al recorrerlo. El río revuelto en algún momento se transformará en río tranquilo, sólo la perseverancia, resiliencia y la conciencia del camino hará que uno transforme su río revuelto en tranquilo, si no, hará un cambio radical para luego volver a la misma situación.

Contrario a esto, me ha tocado entrevistar profesionales en su río calmo y zona de confort, que si bien no tienen este stress asociado comentan en muchas oportunidades que se aburren, sin embargo no están dispuestos a realizar un cambio para mejorar sus condiciones o encontrar desafíos.

Sea el río que sea en el que uno se encuentre, lo que me enseño la selva es que hay que convivir con el, disfrutarlo, entender por qué lo estamos cruzando y no dejar de lado lo que se tiene más que lo que hace falta, que lamentablemente es la situación con la que más me encuentro.

Luego de Manaos, pude apreciar en una pequeña ciudad continental a 500 km de Salvador de Bahía el propio equilibrio de la tierra, la vegetación y los animales que me hizo reflexionar y asociar al equilibrio que los seres humanos debemos llevar entre el cuerpo, espíritu y mente. Estos ciclos de la naturaleza y de los seres humanos funcionan con la misma perfección, cuando alguno en forma excesiva se desgasta, repercute indefectiblemente en los otros. La perfección obviamente no existe y es nuestro rol, como se regula la naturaleza, de equilibrarnos y ser consciente constantemente para balancear estos tres aspectos para saber que no vivimos solos y que no somos dueños del planeta, sino que pertenecemos al mismo. Romper sistemáticamente el equilibrio tiene sus consecuencias, en los seres humanos podría ser picos de stress o depresión, en el planeta el calentamiento global o el cambio climático.

Este destino, llamado Chapada Diamantina me permitió hacer trekking para observar montañas, saltos de agua de 400 metros e imponentes ríos y cascadas. Cada paso fue sublime, siempre que hice trecking pensé en la cantidad de tiempo que perdemos en mirar el objetivo y cuantas pocas veces aprendemos a mirar el camino, el entorno, cada piedra que esquivamos, subimos y atravesamos. El cansancio del trekking produce la reflexión inminente, el cerebro se oxigena y nuestra mente ante el dolor tiende a cambiar el cuerpo para relajarlo, sin duda hay que saber que cuando más estiramos el músculo mejor estamos preparados para este mundo, oxigenar el cerebro y no mirar la cima me permitió experimentar una felicidad enorme al llegar.

Para terminar, en todo orden de la vida personal como profesional, Chapada me enseñó que no hay victoria pública sin victoria privada, que no hay montaña escalada exitosamente sin disfrutar cada piedra escalada en el camino, mi guía me dijo durante todo los treks que nunca hay que mirar arriba sino que paso a paso hasta llegar al lugar buscado. La sensación al llegar es sublime.

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